Cuando los padres envejecen, no necesitan que les recuerdes lo que hicieron mal, sino que les devuelvas un poco del amor y cuidado que te dieron cuando eras indefenso. No siempre tendrán fuerzas para llamarte, así que llámalos tú. No esperes su cumpleaños para visitarlos. El tiempo que crees tener es un espejismo; un día cerrarás los ojos y desearás haber escuchado una vez más su voz.
Los hijos son el reflejo de nuestro amor. Que aprendan con el ejemplo, no con las palabras. Que vean en tus ojos la bondad que quieres sembrar en ellos. No les dejes riquezas, déjales valores. Que tu legado sea su fortaleza.