Bueno, señores, hablemos de corrupción, que en Colombia eso ya parece deporte nacional. Aquí el problema no es solamente quién roba, sino quién llega diciendo que viene a salvarnos mientras uno termina preguntándose dónde quedó la plata.
Y cuando aparece un político prometiendo mano dura, orden, seguridad y que ahora sí se va a arreglar el país… pues uno pregunta: ¿muy bien, mi comandante, pero también van a arreglar la corrupción o esa queda como patrimonio cultural?
Porque una cosa es prometer acabar con los problemas y otra muy distinta es explicar cómo se van a acabar.
Y con esas propuestas que se escuchan sobre armas, seguridad, economía, petróleo, relaciones con otros países y hasta temas de derechos de las personas, yo digo: perfecto, discutamos todo. Pero sin convertir la política en una pelea de hinchadas.
Que aquí no se trata de decir ‘el mío es bueno y el otro es malo’. Se trata de preguntar: ¿qué propone?, ¿cuánto cuesta?, ¿cómo lo va a hacer?, ¿y quién va a vigilar que no se roben la plata?
Porque al final, queridos compatriotas, el colombiano no necesita un mesías político. Necesita instituciones que funcionen.
Y si algún candidato promete acabar con la corrupción… que empiece por mostrarnos cómo piensa evitar que los corruptos se sienten al lado de él cuando llegue al poder.
Eso sí sería mano dura: pero contra la corrupción, no contra el ciudadano.